El cambio climático puede devolver a la superficie virus del pasado

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PINGUINOS ANTARTIDA 2019


El deshielo de zonas que han estado cubiertas por macizos casquetes congelados durante siglos o milenios, como el permafrost ártico, o zonas de Groenlandia y la misma Antártida, no solamente está sacando a la luz animales milenarios perfectamente conservados, como los mamuts, sino que está dejando salir al aire y ofrece la posibilidad de revivir a microorganismos que han estado todo ese tiempo en estado latente. Algunos son viejos conocidos, como la viruela o la 'gripe española'. De otros tal vez no sabremos nada.


En la Edad Media, era común ver campos de ovejas muertas en Europa, aniquiladas por el ántrax renacido con el deshielo primaveral. Los franceses llamaron a estos campos champs maudits, o los "campos malditos". En agosto de 2016, en un remoto rincón de la tundra siberiana, en la península de Yamal, al norte del Círculo Polar Ártico, un niño de 12 años murió y al menos 72 personas (41 de ellas, niños) de poblaciones nómadas de la zona fueron hospitalizadas después de haber sido infectadas por ántrax.


Los investigadores llegaron a la conclusión de que 75 años antes, renos infectados con la bacteria murieron en la zona y quedaron sepultados bajo la capa de permafrost. Allí permanecieron hasta que los descongeló una ola de calor en el verano de 2016.


Esto liberó el ántrax en el medio ambiente, en el agua y el suelo de la zona, y lo introdujo en la cadena trófica. Más de 2.000 renos se infectaron, lo que generó un cierto número de casos en humanos, afortunadamente pocos en un territorio muy escasamente poblado. Pero fue un primer aviso. "Los científicos están presenciando la transformación teórica en realidad: microbios infecciosos que emergen de una congelación profunda", escribió la revista Scientific American.



A medida que la Tierra se calienta, más permafrost se derrite. Bajo circunstancias normales, las capas superficiales, de unos 50 centímetros de grosor, se funden cada verano y en invierno se vuelven a reponer con la nieve caída. Pero ahora el calentamiento global está sacando a la luz capas cada vez más antiguas de permafrost. El proceso se está acelerando: la temperatura en el Círculo Polar Ártico está aumentando aproximadamente tres veces más rápido que en el resto del mundo. Ello no solamente está haciendo que la banquisa, la capa de agua de mar helada, sea cada año menos extensa, lo que amenaza el futuro de los osos polares, sino que también funde la tierra helada por milenios en territorios como Siberia, Alaska o Canadá.


En la mayoría de los casos, estos microorganismos están muertos, pero alguno ha podido sobrevivir al no alterarse la cadena del frío durante el tiempo que ha permanecido enterrado. El biólogo evolutivo Jean-Michel Claverie, de la Universidad de Aix-Marseille (Francia) advierte de que "el permafrost es un muy buen conservante de microbios y virus, porque es extremadamente frío, no contiene oxígeno y permanece fuera del alcance de la luz".



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