España, uno de los países que más crece en la Unión Europea

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La economía española vuelve a recobrar el pulso tras años de recesión y estancamiento. Si hace apenas veinticuatro meses, en el verano de 2012, España —al borde del precipicio, en una situación de asfixia financiera, con buena parte del sistema bancario casi en bancarrota y una economía inmersa en una profunda recesión— era el enfermo de Europa, hoy la situación es bien distinta. Las cifras hechas públicas ayer por la oficina de estadísticas europea, Eurostat, ponen de manifiesto que nuestro país fue uno de los que más creció en el primer trimestre del ejercicio, un 0,4%, el doble que la media de la zona euro. De hecho, entre los socios que comparten la moneda única solo uno de los grandes, Alemania (0,8%), y dos pequeños, Letonia (0,7%) y Eslovaquia (0,6%), registraron incrementos trimestrales superiores al nuestro. Esta reactivación de la economía se explica no solo por el buen comportamiento de las exportaciones, sino también por el ligero despegue del consumo y la inversión empresarial. Y las expectativas para los años venideros también son mejores para España que para los principales socios europeos, según las previsiones que hizo públicas la Comisión hace dos semanas. En 2015 España crecerá un 2,1%, más que Francia, Italia, Portugal e incluso Alemania, según los cálculos de la Comisión. Vuelve la confianza En todo caso esta mejoría está siendo posible fundamentalmente por la vuelta de la confianza de los inversores a España que ha permitido que nuestro país se financie al interés más bajo de su historia. Frente a casi el 7% de interés al que se llegó a pagar el bono a 10 años en julio de 2012, ahora ese coste, pese al repunte de ayer, se sitúa en el entorno del 3%. Las causas, apuntan los analistas, hay que buscarlas en el fin de las dudas sobre la viabilidad del euro, pero también en las reformas puestas en marcha en España que, aunque incompletas, son más profundas que las de otros países como Italia o Francia. El BCE, clave Las palabras casi mágicas de Mario Draghi en aquel verano de 2012, en las que aseguraba que haría todo lo necesario para salvar al euro, y «creánme que será suficiente», tuvieron un efecto balsámico no solo para el precio de la deuda española, sino también para el del conjunto de los países del sur de Europa. Aunque se puso a disposición de los gobiernos que lo necesitaran un programa de compra de activos y deuda, no fue necesario ponerlo en marcha. Y mientras el BCE apoyaba con esas palabras y con las subastas de liquidez a los bancos, el Gobierno de Mariano Rajoy puso en marcha varias reformas para reconducir las cuentas públicas y liberalizar la economía. Esfuerzo reformista del Gobierno La reforma del mercado de trabajo, que permitió abaratar el despido y flexibilizar las condiciones laborales para que los sueldos se pudieran adaptar a la marcha de las empresas, fue, probablemente, la más importante. Muchos economistas aseguran que se quedó corta, mientras los sindicatos y los principales partidos de izquierdas la tachan de un atentado contra los trabajadores, pero lo cierto es que según cálculos del servicio de estudios del BBVA su puesta en marcha ha evitado la destrucción de más de 200.000 empleos. Las subidas de impuestos aprobadas en los primeros meses de Gobierno del PP, en una situación que el presidente del Banco Popular calificaba el pasado miércoles en el Foro ABC de «emergencia nacional», permitieron al Ejecutivo obtener más de 13.000 millones de euros y convencer a los inversores de que el compromiso del Gobierno de Mariano Rajoy con el cumplimiento del déficit iba en serio. La ley de unidad de mercado, para permitir operar con una solo licencia en todo el territorio nacional, el avance en la liberalización de los horarios comerciales, y los primeros pasos en la reforma de la administración son otras de las medidas implementadas. Aún así, España tiene un largo camino por delante para recuperar los niveles de empleo y bienestar previos a la crisis. Reducir las elevadas cifras de desempleo —casi seis millones de parados pese a la mejora de los últimos meses— y embridar una deuda pública que roza ya el 100% del PIB son sus principales retos.



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